La profecía del regreso del Mesías
Un estudio bíblico que conecta Salmo 83, Ezequiel 38, Lucas 4, Levítico 25, Daniel 12 y 2 Tesalonicenses 2 para afirmar que la profecía no es solo información, sino preparación. El mensaje llama a la iglesia a discernir la época, vivir con esperanza y volver a la Palabra, la oración y la santidad mientras espera el regreso visible del Mesías.
Hay temas que no se predican para entretener, sino para despertar. Este mensaje se mueve en esa línea: no pretende alimentar la curiosidad por el futuro, sino recordarnos que la profecía bíblica siempre apunta a lo mismo: prepararnos para un encuentro con el Rey.
A partir de varios pasajes, la enseñanza presenta un panorama de “tiempos finales” con un énfasis claro: Dios sigue soberano, la historia no está fuera de control, y la iglesia no está llamada a vivir con pánico, sino con entendimiento, santidad y esperanza.
De qué trata el mensaje
La prédica gira alrededor de una idea central: lo profético debe llevarnos a una vida más firme en Dios. No se trata de coleccionar datos, sino de leer las señales con madurez espiritual para fortalecer la fe y ordenar el corazón.
A lo largo del mensaje se desarrollan varios ejes:
1) La profecía es preparación, no morbo
Desde el inicio se recalca que los eventos proféticos no son “información curiosa”, sino una invitación a estar listos. El regreso del Mesías no se presenta como amenaza para el creyente, sino como la culminación de un plan: transformación, renovación y el establecimiento visible del reino de Dios.
2) Israel y el escenario del regreso del Mesías
El mensaje insiste en que el retorno de Israel como nación y el conflicto alrededor de Jerusalén no son asuntos periféricos, sino parte del marco profético bíblico. Se subraya que el Mesías regresará a un lugar real, concreto, y que por eso Israel ocupa un lugar central en la narrativa de los profetas.
3) Salmo 83 y la hostilidad contra Israel
Se utiliza Salmo 83 como punto de partida: una conspiración de naciones que buscan borrar el nombre de Israel. La exposición conecta esa hostilidad con tensiones contemporáneas y la idea de alianzas regionales, como recordatorio de que la Escritura describe patrones de conflicto que se repiten y se intensifican hacia el final.
4) Ezequiel 38 y la guerra de Gog y Magog
Luego el mensaje entra en Ezequiel 38, presentándolo como una escena de coaliciones y movimientos geopolíticos que, en la lectura del predicador, encajan dentro del mapa profético. La idea principal no es provocar miedo, sino recalcar la soberanía de Dios: aun lo que parece caos está bajo un propósito que Él ya anunció.
5) Jubileo: una clave para entender ciclos y propósito
La enseñanza hace un giro a Levítico 25 y explica el jubileo como un diseño divino de restauración: liberación, restitución, perdón de deudas y descanso. A partir de ahí, conecta el jubileo con Lucas 4 (Jesús proclamando “el año agradable del Señor”) para enfatizar que el Mesías inauguró un jubileo espiritual: libertad del pecado, restauración y regreso a Dios.
El punto no queda solo en lo simbólico: se usa el jubileo para llamar a la iglesia a confiar en la provisión de Dios y a recuperar una vida de obediencia real, no de teoría.
6) Apostasía, engaño y el llamado a volver a la verdad
Con 2 Tesalonicenses 2, el mensaje advierte sobre la apostasía y el engaño religioso: una espiritualidad que entretiene, pero no transforma ni prepara. Se confronta la idea de “iglesias a la medida” y se invita a regresar a una fe con sustancia: Escritura, santidad, dominio propio y una vida que diga “no” al pecado.
7) Daniel 12 y el papel de Miguel en la protección de Israel
En la parte final, el predicador lleva a Daniel 12 para proponer una interpretación específica: lo que “detiene” ciertos eventos no sería el Espíritu Santo siendo removido, sino la función de Miguel como protector del pueblo. Con esto, se sostiene que la Biblia se interpreta a sí misma y se llama a abandonar lecturas forzadas, volviendo al texto con reverencia y contexto.
8) La respuesta correcta: esperanza, oración y santidad
El cierre es pastoral y directo: si de verdad creemos que el Señor viene, la reacción no puede ser indiferencia. El llamado es a un año de renovación: intimidad con Dios, disciplina espiritual, amor por la Palabra, vida limpia y un despertar genuino de la iglesia. El regreso del Mesías se presenta como la esperanza más grande, no como una amenaza.
Textos bíblicos trabajados
- Salmo 83 (conflicto y conspiración contra Israel)
- Amós (N/A capítulo/versículo específico mencionado) (promesa sobre Israel)
- Zacarías 12 (mencionado) (Jerusalén y reconocimiento del Mesías)
- Ezequiel 37 (valle de huesos secos; restauración de Israel)
- Ezequiel 38:1–9 (Gog y Magog; coaliciones)
- Levítico 25:8–17 (ciclos y jubileo)
- Lucas 4:16–21 / Isaías 61 (citado en Lucas 4) (Jesús proclama jubileo)
- 2 Tesalonicenses 2:1–12 (apostasía, engaño y manifestación del inicuo)
- Daniel 12:1–10 (tiempo del fin; Miguel)
- 1 Tesalonicenses 4 (mencionado el arrebatamiento y resurrección) (N/A cita exacta)
- 1 Corintios 15 (mencionado) (N/A cita exacta)
Para llevar a casa
Este mensaje deja una convicción sencilla: Dios no nos dio profecía para que vivamos ansiosos, sino para que vivamos preparados.
Si quieres responder a este llamado, vuelve a lo esencial:
- Afírmate en la Palabra (con contexto, sin “textos sueltos”).
- Recupera la oración y la intimidad con Dios.
- Ordena tu vida: dominio propio y santidad práctica.
- Vive con expectativa sana: Cristo viene, y eso es motivo de esperanza.
Porque cuando la iglesia despierta, no solo entiende los tiempos: se enamora otra vez de Dios y camina lista para recibir al Rey.